Estoy sentada frente a la vida,
como si no me tocara.
Estoy mirando allí, adelante, y miles de cosas por hacer,
y tanto que transitar, tanto.
Miro allí, adelante, a los papeles acumulados en las repisas, a los libros gastados de tanto leerse,
a las miles de maripsas de tinta que yacen entre las hojas,
queriendo leer sin estar;
necesito no estar;
porque no puedo verte allí.
Quiero pensar en todo lo que me espera, enfrente de mí, pero nn puedo verte allí.
Y tu voz, tal vez, se disipe entre la brisa,
intente alcanzarme allá a lo lejos;
tu voz, tal vez quiera tocarme,
tal vez, cobijarse en mis oídos. Pero no te escucho.
Y tu rostro permanece tatuado en el margen de mis ojos,
viendo todo lo que yo veo, queriendo empujarme hacia allá, detrás del espejo de agua,
hacia la vida que continúa el otro lado
pero no quiero.
Quiero sostener tu mano.
No quiero ver más al frente,
quiero voltearme, y que a mi lado,
sigas sonriéndome, esperándome. |